Los tres tristes trajes de Camps
Por la Comunidad Valenciana corre como un misil un trabalenguas que tiene a todos muy entretenidos y que se titula 'los tres tristes trajes que le trajeron a Camps, tralará, tralará'. Cuentan las malas lenguas que Rajoy, aficionado a los juegos de palabras desde que estudió las oposiciones, ya ha conseguido decirlo del tirón sin equivocarse, y que Rita, Barberá, lo recita delante del espejo cada mañana como si fuera el estribillo de una ópera de Puccini mientras se hace un tocado a dos manos. Ambos, evidentemente, lo han negado. “Yo el único trabalenguas que conozco es el de la crisis. Y conozco también muy bien a Camps, conozco a su familia y sé lo que hace los domingos, y siempre que se pone un traje le cuelga de la manga la factura para que todos veamos que lo ha pagado”, ha asegurado Mariano a sus más allegados. Rita, más valenciana, se ha despachado invitando a horchata de chufa y paella a quienes le han preguntado por qué se pasa tanto tiempo en el toilete por las mañanas.
A fin de cuentas, ¿qué son tres tristes trajes en la vida de un presidente de Comunidad como Camps, tan elegante, con tan buena planta y con un fondo de armario más profundo que el agujero de las hipotecas subprime? Convendremos que la llamada sabiduría popular que se manifiesta a través de trabalenguas como éste que nos ocupa acostumbra a tener mucho de popular y poco de sabia. A ver, ¿a quién no le han regalado alguna vez en su vida tres trajes, aunque sean de Zara? ¿O tres pares de calcetines del mercadillo? Claro, porque criticar es muy fácil, eso lo hace cualquiera, pero gobernar teniendo amigos como 'El Bigotes' está al alcance de muy pocos.
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