¡Dejadme solo!
Desearía no haber tenido relación con aquel sórdido asunto. Curioso. En la misma cara del toro le asaltó más el temor a las consecuencias de lo que ocurrió aquella noche aciaga que el peligro de recibir una cornada. Los pitones del morlaco, negro, bragado, astifino, apuntaban directamente a su femoral protegida únicamente por un capote que en esos momentos parece volverse más pequeño que un trapo de cocina. Y por su larga experiencia en los ruedos, sabía que ese toro iba a por él, que no se dejaría engatusar por ningún engaño y aprovecharía el más mínimo resquicio para embestir con toda la fuerza de sus quinientos kilos alimentados con el mejor pasto de las dehesas donde habían transcurrido sus apacibles cinco años de vida.
La muerte le rondaba y, aun así, él tenía la mente puesta en aquel asunto del que nunca había querido hablar con nadie. No debí haberlo hecho, pero las cosas se precipitaron. Eso fue lo que pasó, claro. Yo no tuve la culpa -se dijo- fueron las circunstancias, los gritos que me pedían auxilio, mi valor torero que me me obligó a intervenir donde no me mandaban.
La bestia se dio cuenta de que su rival estaba despistado y no perdió la oportunidad. Noble en la lidia, mugió antes de arrancarse para avisar de su acometida y dirigió los cuernos astifinos al cuerpo del torero, que ya no tuvo tiempo de esquivarlos. Volteado varias veces, cayó sobre la arena y su traje de luces tabaco y oro se tiñó de rojo. Entre los gritos de horror del público, aún tuvo fuerzas para incorporarse y confesar a los subalternos que le rodeaban aterrorizados: Yo maté a aquel hombre y ahora estoy pagando mi culpa. ¡Dejadme solo!
Nadie pidió la oreja, aunque en el graderío todos sacaron el pañuelo.
Referencias
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Hay que ver la de juego que dan unos buenos cuernos. Quizás por eso me quedo con las ganas de más trama, de más historia, como siempre me ocurre con los mini relatos que perfectamente podrían ser el comienzo de una estupenda novela. Ánimo, maestro, sigue deleitando a este graderío entregado con más faena, porque seguramente hay muchas incógnitas que destripar y mucha historia que poder contar.
Espectador tendido 7 — 03-10-2008 21:04:59
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Maestro, cuernos, cuernos y cuernos que han chafado la vida a más de una persona. Cuidado en la Coruña.
Truman Capote — 06-10-2008 10:30:25