A hostias
Traemos hoy a loqueapetece un testimonio, la confesión de un hombre que les hará estremecer, retorcerse en sus sillones, gritar, quizás. No, no, esto no es el Bloguiario de Patricia, pero a veces hay que dejar a la gente que cuente sus experiencias, por muy turbias que sean. Lean, lean y ya me comentarán
Crecí a base de hostias: de mi padre, de mi madre, de mis hermanos mayores, de mis compañeros de colegio, de los matones de la calle donde jugaba, de mis profesores, del jefe del taller en el que trabajaba de aprendiz y que me sacudía una colleja cada vez que apretaba mal un tornillo, de la policía que me endiñaba con la porra por no sacar las manos de los bolsillos cuando me pedía la documentación por las 'malas pintas', del Estado por no pagar los impuestos y del casero que me ponía de patitas en la calle por retrasarme una semana con el alquiler. Todos me daban hostias y todos me decían lo mismo, que tenía que aprender.
Y al final, aunque me ha costado mucho tiempo, he acabado por entender lo que todos intentaban explicarme. Ahora yo también doy hostias a todo el que se me pone a tiro para que ellos también aprendan: a mi mujer, para que no la miren tanto por la calle, a mis hijos, para que estudien; a mis padres, que ya son mayores y no pueden cuidarse por sí solos; a los peones que tengo a mi cargo en el taller, para que trabajen más; a los vecinos que me molestan con la música o con sus repugnantes discusiones a gritos; a los conductores de los coches que van dormidos y me hacen perder el tiempo en cada semáforo; y a los funcionarios de las ventanillas que me piden papeles y más papeles, como si yo no tuviera otra cosa mejor que hacer que verles su estúpida cara. Y, realmente, estoy muy contento, porque creo que he aprendido muy bien la lección que tanto se esforzaron en enseñarme. La vida a hostias se ve de otra manera. Te llena y llena a los demás, que están vacíos hasta el momento en que también empiezan a recibir. No sé, lo estoy pensando, pero a lo mejor hasta pongo una academia. Me ganaría un dinerito extra y divulgaría mis conocimientos de una manera más profesional, que en los tiempos que corren está muy bien eso de la profesionalidad. Eso sí, en la clase siempre habría un jarrón con flores encima de la mesa para que los alumnos no perdiesen digamos que el sentido poético de la vida, que eso también es importante, creo yo. Pero sin tonterías, porque al primero que se pasase le partiría el florero en la cabeza. Los que han aprendido a manejarse en la vida como yo saben muy bien que en esos momentos no te puede temblar el pulso, ¡cojones!
Referencias
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Interesante filosofía de vida, y poco extendida, aunque pensándolo bien, si que conozco a unos cuantos que viven por y para las hostias. Muy bueno gallegiño, francamente muy bueno.
Cesarin — 25-11-2007 18:41:31
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Gracias cesarín. Traeremos otros testimonios estremecedores que nos harán reflexionar y llevarnos las manos a los bolsillos, por si acaso
santi — 25-11-2007 19:05:56
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creo que el que a hostias vive pues puras hostias recibe... lo que en ocasiones es bueno (lo de no dejarse), pero como único modo de vida solo produce ulceras.
gaby — 26-11-2007 16:50:42
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Totalmente de acuerdo contigo, Gaby. Tanto hostiazo no puede ser bueno, pero debíamos traer a este blog el testimonio de este hombre para aprender del origen y desarrollo del matonismo.
Santi — 26-11-2007 17:05:35
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Yo es ue me crié entre algodones, que no en Algodonales.... no defiendo ningún tipo de ostia.. ya sea con o sin h.... con h parece más fina, la verdad. Viva la paz, o al menos que viva sin darse ohtias
JAGG — 26-11-2007 17:19:41
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No se, no se… yo he recibido muchas hostias de mi madre que era muy pegona, y aun no se las he devuelto a nadie, tendría que empezar con este hombre.
Enrica — 26-11-2007 18:57:38
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http://periodismoalpilpil.blogspot.com/2007/11/san...
JFBarrera — 27-11-2007 14:58:00
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Vaya Santiago, veo que te estas volviendo famosillo. ¡Muchas felicidades!. :)
gaby — 27-11-2007 16:21:24
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Gracias, Gaby!!!
santi — 27-11-2007 23:51:55
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Es la hostia, una visión incómoda de la vida, casi tanto que no apetecería vivirla así. Lo que trasciende de esta historia es absolutamente preocupante, y como un virus corrosivo va deteriorando valores como la educación, el respeto, la buena fe... En fin, que no digo que no pueda ser real, que seguramente lo es. Pero se me está poniendo una mala hostia.....
Vicente — 29-11-2007 17:14:55