Un suceso insólito
Un grupo de turistas se agolpaba impaciente en el muelle. Con sus cámaras de fotos al hombro, sus gorros y sus chalecos, todos vestidos igual, aunque con diferentes colores y tallas, esperaban el gran acontecimiento. Les unía el deseo de ver lo que habían ido a ver después de haber hecho un largo viaje. Habían recorrido cientos de kilómetros para ser testigos de algo que sólo se podía ver en aquel preciso rincón del mundo en esa época precisa del año. Y habían pagado una buena cantidad de dinero a las agencias de viajes para estar allí, a la hora exacta, en el lugar exacto, donde las pupilas de sus ojos se agrandarían y sus bocas se abrirían por la fuerza de la incredulidad. Así se lo habían descrito y así esperaban que ocurriera.
Por esa razón, no es de extrañar que la impaciencia aumentara cada minuto que pasaba. Eso se notaba en el ímpetu con que los pies golpeaban el suelo resbaladizo del muelle o en los comentarios nerviosos que se hacían unos a otros como si ya se conocieran de toda la vida, pero, sobre todo, se percibía en la ansiedad de las miradas, que no perdían de vista el mar ni un solo momento. El mar que se extendía delante de sus cabezas era su único objetivo. Allí debería ocurrir el extraordinario suceso que les había hecho recorrer cientos de kilómetros.
Y el suceso ocurrió por fin. Ante los ojos extasiados de los turistas, el mar, de repente, empezó a teñirse de rojo. Primero brotó una mancha, como si fuera un derrame de fuel procedente del depósito de un barco, y luego la mancha se extendió más y más hasta cubrir gran parte de la ensenada. Parecía que el mar hubiera sufrido una hemorragia causada por una vena rota que manase sangre a borbotones. Cualquiera hubiera pensado entonces en un fenómeno bíblico o en extraterrestres, cualquiera menos aquel grupo de turistas que gritó alborozado cuando vio surgir de las profundidades una enorme ballena azul. Gritaban por el espectáculo que estaban presenciando y porque definitivamente estaban seguros de que no les habían engañado cuando les prometieron que verían algo que no podrían presenciar en ningún otro sitio: la menstrución de una ballena, natural y sin colorantes, con alojamiento en hotel de cuatro estrellas en régimen de media pensión y excursiones y seguro de viaje incluidos. Al guía lo sacaron a hombros.
Referencias
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AAAAAAA, ahora entiendo lo del mar rojo.... Y siguiendo con esta linea insana de pensamiento.... De haber sabido yo que existen turistas que disfrutan de este tipo de acontecimientos... Y que pagan por verlos; bueno... esto abre miles de posibilidades de subempleos ¿no crees?.
gaby — 20-11-2007 18:15:50
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Este blog es como las telenovelas de la tarde, engancha.
LGO — 20-11-2007 19:56:31
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Subempleos, Gaby? Aquí tenemos miles de subempleos sin necesidad de que ninguna ballena menstrúe, no es así en MÉJICO LINDO?
SANTI — 20-11-2007 22:45:09
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Por supuesto que en México hay subempleos... Lo que queria decir (en tono de broma y tal vez no con mucho tacto) es que este nuevo campo de "turismo" puede crear otro tipo de actividades lucrativas que en la actualidad no existen como guia de turistas para ballenas mestruantes o la venta de mapas para ver a las ballenas. :)
gaby — 20-11-2007 23:37:02
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Tú tienes muy buen tacto, Gaby, no te preocupes. Era ironía. Estoy de acuerdo, se ha abierto la puerta para crear miles de retorcidos empleos y el de guía de ballenas menstruantes puede encabezar el ranking.
santi — 20-11-2007 23:51:07
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Oye, me ha encantado. Preciosa corta historia contada con muuuuucho gusto literario. Felicidades.
Vicente — 29-11-2007 17:30:22